De la austeridad al tiempo de las cerezas

03/03/2016
Publicado por

 
Público.es
 
Román Sierra
Secretario de Organización de Podemos Aragón
Mariano Alfonso
Secretario Político de Podemos Zaragoza
 
Estos días asistimos a un etapa inédita en la política española, la fragmentación del voto del 20D coherente con una sociedad compleja inaugura una nueva etapa de inestabilidad, una situación “más abierta” que pone nerviosos a los partidos del Régimen, descoloca las lógicas políticas con 40 años de práctica y abre nuevos espacios para “hacer política desde abajo”. Pase lo que pase con los pactos: haya una gran coalición o nuevas elecciones, estamos interpelados por la emergencia social a buscar en cada coyuntura los modos de remover los obstáculos que impiden acabar con la austeridad que en la voluntad de los partidos del Régimen 78 (más C,s) ha venido para quedarse.

El debate político va más allá de la aritmética parlamentaria, y se sitúa en dar forma a las nuevas capacidades que hemos adquirido en este nuevo marco. Explotar las potencias que encierra esta nueva situación pasa por recuperar el hilo de las plazas, y que éste nos guíe en el laberinto institucional. Las plazas son la experiencia real, donde aprenderemos a resolver colectivamente -como el sujeto político en construcción que somos- los nuevos escenarios a los que nos vamos a enfrentar, en las instituciones. Nuestro trabajo allí desvela la intrahistoria de lo que hay que hacer para liberar a la democracia del aparato parasitario de saqueo “hacia arriba” que se ha desarrollado estas últimas décadas, y que impide alcanzar el bien común. El derecho a la felicidad también para los de abajo .

El partido de los de abajo, el que estamos construyendo, no es solo un aparato electoral, sino un continuo coyuntural de fuerzas, capaz de mediar políticamente con la mayoría social, fijando su programa de emergencia en el centro del debate. Capaz de acumular poder social, y de generar una estrategia a medio plazo que tenga en cuenta las coyunturas políticas y las condiciones materiales en las que se desarrollan. Un nuevo espacio que no es más que la evolución, desde la experiencia, de las movilizaciones. Este “partido” no es idéntico a Podemos, ni siquiera a Podemos y las confluencias, pero Podemos sí es el elemento agregador fundamental. Este partido no está hecho para ganar las elecciones, esas las puede ganar cualquier plataforma electoral activada en torno a Podemos si hay nuevas elecciones, sino para detentar el poder desde abajo y hacer efectivo el programa.

No se trata pues tanto de elegir entre la calle y el parlamento, sino de ver dónde nos colocamos en cada momento, en esa tensión dialéctica entre calle y parlamento, y cómo usamos los diferentes instrumentos y alianzas que tenemos a nuestro alcance, marcando objetivos, y ensayando métodos de lucha y de desgaste de las posiciones de “los de arriba” en su, hoy muy tocada, hegemonía cultural y política. Y colocarnos en el centro de la nación, interpelando desde ahí al resto de fracciones y clases sociales.

El reto está en definir la estrategia de los de abajo partiendo de la mayoría social y de sus experiencias. Esa mayoría social la conforman los que verdaderamente están interesados en construir unas condiciones de vida diferentes a las condiciones de precariedad a las que nos vemos arrastrados. Se dibujan sus límites en cada conflicto por un empleo digno, contra la violencia de genero, el trabajo precario o por el derecho a la vivienda. Este dinamismo social “desde abajo” choca con la institucionalidad del Régimen del 78, que funciona como un tapón de estas aspiraciones.

Los más afectados por las políticas que hemos vivido deben estar en el centro de la política. La desigualdad social es la mayor de las lacras de una sociedad y más si se quiere denominar democrática. En todos los sentidos, social y económico. El centro del tablero, donde nos debemos situar, está ahí y la lucha por auditar la deuda, por su impago o su reestructuración, unifica la necesidad política de más soberanía popular con la necesidad social de salir del programa de austeridad, lo une a escala europea y fija al adversario real de esa lógica socia mayoritaria de acabar con la austeridad: La Troika.

Cualquier gobierno que pretenda se ”reformista y de progreso” se va encontrar con similares dificultades en negociar la deuda o en ampliar dignamente el techo de déficit como para dar respuesta real a las consecuencias de recortes, paro, pobreza o desahucios y, no digamos, para cambiar el modelo productivo y repartir mejor la riqueza socialmente producida. Como vimos en Grecia y probablemente veremos con Portugal es una cuestión de disciplina, un asunto ideológico de las elites de Europa.

Como hace poco abanderaron Varoufakis, Miguel Urbán o Ada Colau, por citar a tres de los más conocidos, junto a miles de personas en Madrid, necesitamos un plan B. Un plan que pasa por construir otra Europa en la que de nuevo y como en el 15M, la deuda sea el centro del debate público, puesto que es el elemento central donde se oculta el instrumento de dominación y que impide el avance de otras formas de hacer política. La deuda es el eje central, e influye en el ámbito europeo y en las políticas en los Estados, Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. La deuda ha sido el instrumento de desposesión junto a las privatizaciones. La deuda pública, acumulada no por la práctica de políticas sociales sino por la realización de oscuros megaproyectos, centro de negocios de grandes empresas, rescates a bancos desahuciadores y nidos de corruptelas.

El pago de la deuda convertida en ley suprema con la reforma del artículo 135 de la Constitución, por encima de los derechos sociales, y traducida en un techo de déficit que pretende poner límites a aumentar el gasto social en los presupuestos de las diferentes administraciones para garantizar que se paga una deuda que es impagable. No podremos desatar los cambios de modelo productivo ni realizar políticas audaces de tipo social hasta que no desatasquemos, sin patadas hacia adelante, un problema que ahoga a una mayoría social que sólo quiere vivir tranquila. No hay futuro estable ni seguridad si no lo hacemos.

Este mecanismo de dominación, la desposesión, y la privatización de lo común no sería posible si no nos encontráramos ante unas estructuras democráticas sólo en lo formal y, en algunos casos, ni siquiera eso. Construir un movimiento europeo frente a la austeridad y a los lobbies de las grandes empresas pasa por construir ese movimiento, también en Aragón. Un lugar donde la mayoría social se encuentre el lugar donde expresar las demandas y se pueda articular la potencia política que nos haga pasar de la austeridad al tiempo de las cerezas.

No son pocas las veces que leemos que el debate debe girar sobre la centralidad del tablero e incluso que hay que recuperarlo, como si fuera un espacio estático al que puedes volver siguiendo un camino ya conocido. La cuestión es que el tablero ideológico: el relato, se define a una escala diferente del tablero definido por las bases materiales: la realidad. Es decir, no está perfectamente sincronizado el sentido común dominante con la realidad social y económica. Podemos pues entrar de manera frontal en ese campo de disputa para conseguir el consenso de la mayoría social para realizar los cambios que son necesarios. En el caso que los poderes que han sustentado el Régimen del 78 no puedan asimilar esos cambios necesarios, y todo lo indica así, el escenario de superación del marco actual está en el centro del debate. Por lo tanto debemos pensar en un Plan B, a todos los niveles, si no queremos que esos cambios necesarios se vean frustrados por no poder ofrecer un nuevo marco que aglutine y convenza a la mayoría social.
 

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